Echar a andar
Todo podía salir mal, pero también salir bien. Le preocupaban las calidades, era una mujer noble y entera, solemne, educada. Todo podía ser zafio y vulgar, pero también podía ser divertido y fresco. Todo podía ser falso, las miradas, las palabras, incluso las verdades podían ser falsas, pero también todo podía ser cierto, único y verdadero. Quería que su vida fuera verdad, lo máximo posible, era una mujer auténtica y quería seguir siéndolo. Todo podía ser noble y duradero, toda una vida, pero también podría ser efímero, muy efímero. Quería que fuera lo que fuese, durase para siempre, porque sabía que el amor de verdad, lo único que ella buscaba, solo lo da el tiempo. Todo podía ser o no ser, y de nada servía pensar ni dudar. La vida es así. Y así, confiando en su pálpito inicial, echó a andar.
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